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Trabajo infantil y adolescente en Bolivia

      
En Bolivia, muchos niños, niñas y adolescentes están sometidos a las peores formas de trabajo infantil
En Bolivia, muchos niños, niñas y adolescentes están sometidos a las peores formas de trabajo infantil  |  Autor: Anton_Ivanov  |  Fuente: Shutterstock
Un Estudio sobre Trabajo Doméstico de Niños, Niñas y Adolescentes en hogares de terceros en Bolivia apoyado por Unicef brinda datos sobre esta situación que se ha hecho común en el país.


No todas las actividades desarrolladas por niños, niñas y adolescentes se consideran trabajo infantil según la Organización Internacional del Trabajo (OIT), ya que la participación de menores en algunas tareas como pueden ser las de ayuda comunitaria, familiar o que no atenten contra su voluntad e integridad pueden resultar positivas para la persona.


De acuerdo con lo establecido por la OIT y ratificado por Bolivia desde su Programa Internacional para la Erradicación del Trabajo Infantil, deben realizarse esfuerzos para la disminución o eliminación paulatina de todo trabajo que implique tareas nocivas para el desarrollo físico y mental de las niñas, niños y adolescentes, en particular aquellas que atentan contra la salud o el desempeño educativo, considerándose una problemática social con múltiples causas y consecuencias.


Sin embargo, la magnitud, la elevada precariedad y la explotación laboral de niños, niñas y adolescentes en diferentes sectores de Bolivia es uno de los problemas más críticos del país. Según datos de estudios realizados en 2011, en América Latina existen 80 millones de niños y niñas que viven en situación de pobreza, y de ese total el 17,9% (equivalente a 32 millones) vive en situación de pobreza extrema.


En el caso boliviano, la pobreza es y ha sido una de las causas más frecuentes enlazadas al trabajo infantil, motivando a las familias a una migración del campo a la ciudad. Tal como informa el Censo de 2001, se estima que “para la segunda mitad del siglo XX el 62% de la población rural se habría trasladado a las ciudades”, deslumbrados muchas veces por los mitos de progreso, desarrollo y modernidad que se suelen asociar a las áreas urbanas.


Un ejemplo de esto es el caso de Santa Cruz, donde debido a su dinamismo económico recibió una fuerte migración proveniente de áreas rurales. Pero sin embargo, tal como dice el mencionado informe, el espacio urbano no necesariamente ofrece este sueño y estas oportunidades, ya que los trabajos disponibles, además de ser pocos, suelen ser empleos circunscritos al mercado informal con bajos niveles salariales y altas tasas de precariedad laboral y vulneración de los derechos humanos fundamentales.


Los números de la Encuesta Nacional sobre Trabajo Infantil (ETI) (INE 2008) son bastante alarmantes: “el 79,6% de los niños y adolescentes trabajadores de 5 a 13 años desempeñan funciones peligrosas por su naturaleza; en las funciones peligrosas por su condición, 11% trabaja 36 o más horas a la semana; 19,7% lleva cargas pesadas y 7,2% maneja maquinaria pesada; 48,8% está expuesto al frío o al calor extremos, 28,0% al polvo o gases, 10,9% a instrumentos peligrosos, 4,4% a gas, fuego o llamas y 3,4% a ruidos fuertes o vibraciones; 20,3% declara haber recibido gritos con frecuencia, 5,9% golpes o maltrato físico, 5,2% insultos con frecuencia y 2,9% prohibición de salidas”.


Pasando en limpio, de acuerdo a los datos recogidos por la ETI, se estima que en Bolivia existen 3 millones 37 mil niños y adolescentes de entre 5 y 17 años que se encuentran en situación de trabajo infantil. Estas cifras representan más o menos el 30% de la población total, es decir, que de cada diez personas, tres se encuentran en condición de trabajo infantil - adolescente.


Las peores formas del trabajo infantil en Bolivia


Un artículo de Unicef aporta cifras sobre las peores formas de trabajo en Bolivia.


- Minería

Según los inquietantes datos del artículo, los niños y adolescentes constituyen casi la mitad (46%) de la población de los centros mineros y de las 38.600 personas que se dedican a la actividad minera, 3.800 son niños y adolescentes (10% del total de personas ocupadas en esta área).

Los menores de 12 años trabajan por especie
, es decir, a cambio de una porción de carga o de residuos de los que extraen mineral, mientras que los adolescentes pueden llegar a cobrar 200 Bs al mes. En estos casos, su trabajo representa el 14% del ingreso total del hogar.


- Zafra de la caña de azúcar

Todos los años entre los meses de mayo y noviembre, unas 35.500 personas trabajan en las regiones cañeras para cubrir la zafra. En Santa Cruz, aproximadamente 7000 niños y adolescentes trabajan en esta actividad. De esta cifra, un 22% tiene entre 9 y 13 años.


- Zafra de castaña


Hasta el 2007, en la zafra trabajaban alrededor de 2.600 niños y niñas, y un poco más de 2 mil adolescentes.
En el procesamiento participaban poco menos de 450 niños y niñas, y casi 1.400 adolescentes. En la época de colecta, que va de diciembre a marzo, trabajan diariamente entre las 7 de la mañana y las 5 de la tarde y permanecen en la zafra 67 días en promedio.

En el ciclo productivo del proceso que va abril a noviembre, 2 de cada 3 niños y adolescentes trabajan generalmente durante 5 días a la semana, entre las 2 y las 7 de la mañana, antes de ir a la escuela.


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Camila Siqueira Menéndez

Camila Siqueira

Redactora fanática de la comunicación, la música, la radio y desde un tiempo a esta parte, también de las series

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